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Carril a la utopía  

Ximena Peredo | ElNorte.com 20140124

Entienda: en este Estado no se puede andar en bici”, “si quieren andar en bici que se vayan a Fundidora”, “en qué cabeza cabe hacer tan estúpido proyecto, pongan la ciclopista donde no estorben el tráfico”, “no es justo que se beneficie a unos cuantos ciclistas a costa de los demás que no usamos bici”.

Los anteriores son comentarios a la nota “‘Roban’ carril a los ciclistas” publicada el miércoles en elnorte.com, y que consigna la invasión sistemática de vehículos motorizados a los ciclocarriles en San Pedro.

Todas las sociedades producen su propio espacio, reveló Henri Lefebvre en 1974. El espacio es el resultado de las varias capas de relaciones que contiene la misma sociedad y de las representaciones simbólicas que reproducen esas mismas relaciones.

Es decir, el espacio no sólo es contenedor, sino contenido. Aquí se produce lo que se piensa, y se vive con lo que se produce.

El espacio es una relación simbiótica. Es así como desde su fundación como ciudad industrial a finales del siglo 19, Monterrey ha consagrado su espacio a las relaciones comerciales.

Para confirmarlo basta ver el sacrificio del paisaje -el deplorable estado del Cerro de las Mitras o del Río Santa Catarina- en nombre de la modernidad y el progreso.

Durante más de un siglo hemos producido un espacio altamente capitalista en donde incluso los lugares de descanso son de consumo -como el estadio o el centro comercial.

En otras palabras, la mancha urbana no sólo es asfalto, también es ideología. Al expandirse, coloniza mentes.

Vivimos para sostener las relaciones de producción y consumo. Este mito fundacional, sin embargo, ha comenzado a ser cuestionado.

No es nada extraordinario, es la suerte de las sociedades industriales. Sucede que las sociedades que producen un espacio únicamente para perpetuar las mismas relaciones de poder cavan su propia tumba.

Las ciudades se convierten en lugares inhóspitos comenzando por la periferia, pero poco a poco, como fenómeno boomerang, la violencia, la contaminación y la parálisis acaban por afectarlo todo.

Pero Lefebvre no se contentó en pronosticar este futuro apocalíptico para ciudades como la nuestra. Su clave fue distinguir entre sociedades industriales, que son producto de esta colonización capitalista incapaz de advertir las incoherencias del sistema, y las sociedades urbanas, que son resultado de un esfuerzo crítico por descolonizarse ideológicamente.

No es fácil “llevarle la contra” a la sociedad industrial, pero la crisis y también el arraigo a una ciudad suelen ser suficiente inspiración. En toda sociedad industrial existen apariciones de sociedades urbanas, pero es difícil advertir su presencia. Sobre todo cuando hemos sido educados -o más bien programados- para ridiculizar o banalizar todo esfuerzo que contradiga los mandamientos capitalistas aunque pretendan hacer más vivible esta ciudad.

El escarnio de ninguna forma evita que surjan sociedades urbanas. Por el contrario, estas actitudes las estimulan. Dependen, sin embargo, de su habilidad para producir un nuevo espacio, es decir, otro tipo de relaciones. Sin lugar -sin topos- la sociedad urbana es simple utopía. De ahí la importancia, en el caso que ejemplifico, de un carril.

Los ciudadanos que se transportan en bicicleta por la Ciudad están haciéndonos un enorme favor: ocupan un mínimo de espacio y no contaminan. Pero además, la bici es un gestor natural de mejoras graduales como reforestación, ampliación de banquetas y, en general, una mejora al ambiente social.

Podrían ser muchos más los ciclistas, pero para esto es necesaria una descolonización mental de ideas “muy nuestras” como relacionar el año o la marca de un automóvil con el valor de una persona.

En este sentido, la política pública tiene que ir mucho más allá de pintar una doble línea y poner un letrero de “exclusivo ciclistas”. Contra la lógica acostumbrada, el Alcalde debe de buscar un diálogo con quien protesta.

Me queda claro que la controversia no es un carril. En realidad se trata de aprender a ceder espacio.

ximenaperedo@gmail.com

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