Así lucen las unidades de Ecovía en la mayor parte de sus traslados en las horas pico, durante las mañanas y las noches, ante la mala reordenación de rutas alimentadoras.FOTO: EL NORTE
Así lucen las unidades de Ecovía en la mayor parte de sus traslados en las horas pico, durante las mañanas y las noches, ante la mala reordenación de rutas alimentadoras.FOTO: EL NORTE

Ecovía: De muchas rutas de camión a un BRT inadecuado

Daniel de la Fuente | ElNorte.com | Locales

Reordenan rutas; desordenan a usuarios

Había que ver la cara larga de doña Hermila al descender del camión que la trajo de La Alianza a Lincoln por Avenida Los Astros y darse cuenta de que las unidades de la Ecovía iban repletas.

“Se me hizo tarde”, murmura con fastidio la mujer de suéter, falda a cuadros y medias, y estruja la red que lleva enrollada.

De andar rápido, va molesta.

Lo ha estado desde que a fines de agosto retiraron de Lincoln los camiones de la Ruta 38. No toma la Ecovía porque va llena; el Transmetro, menos; tampoco el Metro, por lo alto de las escaleras.

Además, debe caminar mucho.

“Donde quiera pierde uno”, suelta y cierra la puerta de un taxi que la acercará a la ruta deseada.

Se fue molesta.

Y todavía ni amanece.

Algo parecido vive parte de los usuarios de transporte público del área metropolitana de Monterrey desde que empezaron a ser retiradas las unidades que recorrían el corredor Lincoln- Ruiz Cortines para darle paso a la Ecovía, proyecto del Estado que inició operaciones en enero pasado.

Algunas fueron sacadas de tajo y otras poco a poco, con la idea de que sean alimentadoras del nuevo sistema, es decir, que entren y salgan sólo de ciertas colonias.

Así, sin alternativas, la gente debe enfilarse a los camioncitos retacados.

“Yo nomás voy tres veces a la semana aquí por (las oficinas de) Fomerrey, mejor en taxi, no aguanto el apretujadero”, comenta Tere Arroyo.

“Mire… mire cómo va”.

La de Los Astros es la segunda estación de las 41 en total que van de la terminal Lincoln a la última de Valle Soleado, y las unidades, a la primera “hora pico”, de 6:00 a 8:00 horas (abre a las 4:00 horas), lucen llenas en serio.

De los dos carros que llegan simultáneos, uno arriba hasta la Estación Mitras, la intermedia, que conecta con la Línea 1 del Metro, para enseguida regresar, y otro llega al fin de la ruta, en Guadalupe.

Aún no dan las siete de la mañana y en la estación hay filas de impacientes que caracolean a la espera del abordaje.

“Permiso…”.

Un viaje difícil

Muchos usuarios viajan más de hora y media de pie al ir o volver de su trabajo.FOTO: EL NORTE
Muchos usuarios viajan más de hora y media de pie al ir o volver de su trabajo.FOTO: EL NORTE

El joven de rizos negros y mochila al hombro intenta ser cortés, pero las mujeres ubicadas casi en una de las puertas de la unidad por más que quieran no pueden dar espacio.

“Permiso…”, susurra y de ladito inicia su travesía-tallón hacia el interior. Las mujeres se incomodan.

“Permiso…”.

“Espérame, espérame”, le dice molesta una de ellas y, sin dejar de agarrarse de los tubos, libera casi una rendija por la que el joven ingresa rápidamente.

Pero no su mochila.

“Es que quítatela”, le dice la otra y él, sudoroso, hace una suerte de malabarismo para descolgársela en medio de aquella bola y asir su mochila con la derecha.

“Vámonos”, dice la empleada de la estación que avisa al chofer de la unidad que ya puede iniciar la marcha.

Ligero frenón. Una camioneta cruza rápidamente Lincoln con el semáforo en ámbar.

El camión prosigue.

Sigue bajando un mar de gente sombría de los camiones que antes les llevaban a su destino y ahora no.

De principio a fin, en la Ecovía se hace 1 hora 20 minutos, un récord si se toma en cuenta la distancia, 30 kilómetros, en una urbe como la regiomontana tan complicada en su vialidad y pavimentos.

Climatizados como las terminales, los carros corren a buena velocidad sin obstáculos, a excepción de semáforos.

A algunos, sin embargo, o a la mayoría, no les gusta ir apretados en un coche en cuyo interior, si un hombre alto abre los brazos, podría tocar los extremos del vehículo. Si a esto se le suma que, sentadas, no van ni 20 personas, pero de pie van más de 30, las cosas aquí adentro se complican.

Hay espacios para personas con capacidades diferentes, pero alguien en esta condición deberá esperar un buen rato en caso de querer subir o aguardar el descenso solidario de algunos.

“Permiso…”.

El joven de rizos y mochila al hombro sale ya con facilidad.

Baja en Mitras, por lo que seguro transbordará sin costo, de la misma forma como debe suceder con las unidades alimentadoras.

En teoría.

Porque el tema de las tarjetas inteligentes, Feria, es otro boleto…

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One comment

  1. pues yo iba a ir cerca del corral a una iglesia de la crux del apostolado y me llevaba la r-210 pero cual seria mi sorpresa que nada mas me llevo a la mitad en la ave. mexico y de ahi me quede sin camion, tuve que terminar mi recorrido a pie, si no fuera por una amiga que paso por el lugar, hubiera llegado tarde, gracias ecovia!!!!

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