CONTRAPUNTOS / El drenaje pluvial

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Entre 1999 y el 2001, se emprendió la obra de drenaje más importante realizada en Monterrey desde hace cuatro décadas: la canalización de 14 kilómetros del arroyo Topo Chico y la solución a 13 puntos de conflicto.

El autor Juan Ignacio Barragán es director de Fomento Urbano y encargado del Sistema Integral de Manejo de Aguas Pluviales (SIMAP).

Uno de los anhelos más sentidos de la comunidad regiomontana ha sido el lograr una solución a la problemática ocasionada por las aguas torrenciales que periódicamente afectan al área metropolitana de Monterrey.

Ese sentir fue entendido por el Gobernador del Estado, Fernando Canales Clariond, quien a partir de su Plan Estatal de Desarrollo, se propuso enfrentar la compleja problemática de las aguas pluviales.

Así, desde el inicio de la Administración, se emprendieron diversas obras pluviales en colonias y vialidades que requerían atención urgente.

Y entre 1999 y el 2001, se emprendió la obra de drenaje más importante realizada en Monterrey desde hace cuatro décadas, es decir, la canalización de 14 kilómetros del arroyo Topo Chico y la solución a 13 puntos de conflicto en tramos canalizados antiguamente.

Esta obra, donde se invirtieron 310 millones de pesos, resuelve la problemática de la cuenca baja del Topo Chico permitiendo el desarrollo de una zona de más de 2 mil hectáreas que anteriormente se encontraban paralizadas por el riesgo de inundación.

Benefició además a más de 700 mil habitantes que en uno o otro punto del arroyo sufrían de problemas de estancamiento parcial del agua, en épocas de lluvias torrenciales.

Una vez concluida esa obra prioritaria que resuelve a una cuenca de más de 15 mil hectáreas, que es casi la tercera parte del Area Metropolitana de Monterrey, el Gobierno del Estado ha emprendido la solución a la problemática del resto de la Ciudad.

Para ello, se decidió establecer el Sistema Integral de Manejo de Aguas Pluviales (SIMAP) : organismo metropolitano donde participan, junto con el Gobierno del Estado, los nueve municipios de la zona conurbada, así como la empresa pública Agua y Drenaje de Monterrey.

El SIMAP fue establecido formalmente en mayo del 2001 y es presidido por el Secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Estado, Oscar Bulnes Valero.

Tiene como misión fundamental establecer un Plan Maestro de Drenaje Pluvial para toda el Area Metropolitana, incluyendo las zonas de futura expansión, y los proyectos de solución a la problemática actual.

Puntos de conflicto

Al respecto, se han detectado 405 puntos de conflicto en la Ciudad de los cuales 8 por ciento corresponde a zonas de deslave, donde la problemática del agua se ve agravada por el acarreo de piedras y lodo; 25 por ciento consiste en problemas de estancamiento temporal de aguas en pasos a desnivel u obras viales, lo que provoca conflictos de tráfico vehicular y pérdidas de horas hombre; 63 por ciento se refiere a problemas de estancamiento de agua o torrentes fugaces en zonas de vivienda, donde se pone en peligro la vida humana y el patrimonio de las familias; 2 por ciento que consiste en inundaciones parciales, y 2 por ciento correspondiente a problemas de riesgo de arrastre de personas o vehículos en puntos cercanos a un arroyo o canal.

 Tecnología avanzada

La misión del SIMAP es enfrentar la totalidad de esos problemas utilizando los principios más avanzados de la tecnología de manejo de las aguas pluviales con los mismos esquemas que son hoy día empleados en los países más avanzados del mundo.

Los conceptos fundamentales del SIMAP son, primero, el resolver la integralidad de las cuencas urbanas, ya sea un arroyo o río, desde su origen hasta que conduce las aguas fuera de las zonas urbanas actuales o de desarrollo futuro.

Esto implica evitar soluciones parciales o puntuales que sólo logran trasladar el riesgo más adelante.

Para ello, se trabaja coordinadamente con todos los municipios involucrados en cada una de las 15 cuencas que atraviesan el Area Metropolitana de Monterrey.

Segundo, considerar al agua de lluvia como un recurso valioso para la Ciudad, que ocasionalmente provoca problemas. Esto debido a que sólo de un 3 a un 4 por ciento de las lluvias registradas anualmente ofrece riesgos importantes; mientras que el 96 por ciento restante constituye una excelente oportunidad para riego de áreas verdes, conservación de humedad y recarga de acuíferos.

De manera que los proyectos del SIMAP buscan conservar el máximo de humedad en la zona urbana, para riego y recarga de acuíferos, superficiales o profundos; siempre evitando que las lluvias torrenciales provoquen daños al patrimonio o a la vida humana.

Y tercero, el buscar las soluciones más amigables posibles con el entorno, en una óptica de manejo del agua, no dedrenaje puro. Se contempla así mitigar la erosión, disminuir el acarreo de lodo y piedras, propiciar el riego de áreas verdes y promover la forestación en arroyos, entre otros.

A unos cuantos meses de su constitución, el SIMAP se encuentra listo para iniciar las obras que se han considerado más urgentes, involucrando la participación y recursos del Gobierno del Estado, de los Municipios y de Agua y Drenajede Monterrey.

Sólo vemos obras prácticamente a flor de tierra, ya sea introduciendo tubos o reconstruyendo el sempiterno damnificado Canal del Topo Chico. ¿Será acaso porque una vez enterrado el tubo ya no hay publicidad posterior?

El autor Jorge Longoria Treviño es Arquitecto de la UANL, con experiencia como analista urbano, actualmente es director general de Long-Tree, Consultoría y Desarrollo Urbano.

Con un tema inusual para este mes del año, mas no desconocido para los miles de afectados por los chubascos veraniegos del 2002, puesto que es más “usual” el tema para los meses de septiembre-octubre, la Regiópolis vuelve a sucumbir ante la frágil o mejor dicho ineficiente y hasta inexistente red pluvial. Los daños recurrentes que le ocasionan a la Ciudad las “colas” de huracanes (Gilberto en septiembre de 1988; Keith en Octubre 2001) y los ocasionados por estos chubascos del 2002 representan, para nosotros, prácticamente lo mismo.

La diferencia, si acaso, es que esta tormenta no tiene nombre, y no por otra cosa, sino por no ser consecuencia de huracán o tormenta tropical. Lo que sí parece no tener nombre ni entendimiento, son las “recurrentes explicaciones” que suelen “brotar” tras cada aguacero por parte de la autoridad en turno que se siente aludida.

Por siempre, en cada Administración estatal se habla de un “Plan Maestro Pluvial” con ciertas variantes de aplicación o interpretación, que a fuerza de ser sinceros, lo que se ha emprendido después de cada declaratoria triunfalista del “ahora sí”, sólo ha derivado en ciertas acciones aisladas o marginales, o tal vez con cierto alcance específico de alguna de las tantas cuencas pluviales de la Regiópolis.

Por lo mismo, sólo vemos obras prácticamente a flor de tierra, ya sea introduciendo tubos, canalizando arroyos o reconstruyendo el sempiterno damnificado Canal del Topo Chico. ¿Será acaso porque una vez enterrado el tubo ya no hay publicidad posterior?

Para demostrar lo contrario, y que las verdaderas acciones de fondo pasan a ser recordadas por la historia, recordemos la Canalización del Río Santa Catarina durante la Gestión del Gobernador Ignacio Morones Prieto a mediados de los 50, así como el gran Canalón de la calle Isaac Garza y que con su sección de 4 por 6 metros desemboca al Río Santa Catarina; o el Ducto Profundo que parte de Cuauhtémoc y Calzada Victoria hasta el Topo Chico, a mediados de los 60 durante la gestión de Eduardo A. Elizondo o la propia canalización inicial del Topo Chico.

Para darnos una idea del rezago, basta saber que la red pluvial de colectores maestros se estima en alrededor de l75 kilómetros, cuando la longitud necesaria de solución rebasa los 400 kilómetros.

Sin embargo, sea lo que fuere, siempre surgen nuevas ideas que evaden la solución de fondo, imaginar que con la simple promulgación de nuevos “decretos” que nos reconforten el espíritu por un año más, o que el verano siguiente nos lleve a añorar el correr del agua por la calles es seguir evadiendo la responsabilidad social.

Por ejemplo, la invasora y bloqueadora presa Rompepicos, ¿que garantía será esta acción de contención pluvial?, como para que, además, tengamos que construir un puente atirantado sin columnas en los más de 160 metros del cauce del Rió Santa Catarina.

Ya veremos lo que suceda o si nos hacen los mandados las siguientes lluvias, huracanes o chubascos, sean estos otoñales o veraniegos.

Mientras no se demuestre lo contrario, nuestra zona metropolitana, tendrá que seguir confrontándose con su histórico olvido en la planeación, como lo es el rezago de infraestructura pluvial.

Decretar que sólo llueva en la Sierra Madre es seguir pensando, como a principios del siglo pasado, que con la sola pendiente de escurrimiento natural hacia el noreste, (es decir, desde el Obispado en Monterrey, hacia el Aeropuerto en Apodaca) era suficiente, al fin y al cabo que sólo llueve 10 días al año y en septiembre.

Al observar un Plano Oficial de la Ciudad de Monterrey levantado por la Dirección Municipal de Obras Publicas fechado en 1933, mismo que fue aprobado por la Dirección de Planificación en enero de 1934, firmado por el Presidente Calles Y el Secretario Ing. Armando Díaz, llama la atención que (seguramente sin esa intención) las vías ferroviarias, con su trazo diagonal del sur al poniente, con el tiempo, tenderían a convertirse en los primeros diques pluviales.

Con la suma eventual y progresiva de la urbanización de calles y edificaciones, que terminaron por mermar la capacidad de absorción del suelo, surge el nuevo problema de la canalización pluvial.

Queda claro que el desarrollo urbano y la urbanización en sí están disociadas de los grandes temas de infraestructura. Hoy por hoy, existen dependencias oficiales que sólo integran y recopilan planes y proyectos rezagados y que imploran recursos del FONDEN (Fondo para Desastres Naturales).

Lo que se requiere es la decisión política y del estadista visionario con sensibilidad social que promueva la creación de una organización planificadora con verdadera cobertura metropolitana, que no sólo se conforme con tener la visión integral del problema, sino que conjunte la capacidad técnica y operativa con la administración e ingeniería financiera que le permita en forma secuencial y progresiva promover, ejecutar e incluso atender el mantenimiento, conservación y rehabilitación de la red pluvial.

Seguir menospreciando los daños ya no sólo de la Ciudad, sino del patrimonio de miles de personas pensando que siempre habrá guardaditos para colchones y cobertores es no tener nombre… como para trascender.

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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