Visión 2020 | Agua: Un turbio presente y futuro

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Visión 2020

Por: Jaime Leal Díaz | Experto en hidrología

Para el año 2020 se contemplan tres escenarios de demanda de agua potable, uno pesimista de muy alto crecimiento poblacional cuya exigencia llegaría a 28 M3/SEG, otro intermedio de 25 M3/SEG y uno optimista que requeriría de 21 M3/SEG, todos ellos bajo la base media equivalente de 360 L /día /habitante.

La relación de las fuentes de agua con posibilidades de aprovechamiento futuro referida por SADM considera los recursos acuíferos siguientes:

Fuentes diversas

Presa Cerro Prieto

Pozos industriales y municipales

Presa El Cuchillo primera etapa

Plantas de tratamiento primera etapa

Presa El Cuchillo segunda etapa

Plantas de tratamiento segunda etapa

Plantas de tratamiento tercera etapa

Presa La Boca

Sistema Buenos Aires

Pozos Mina

Pozos del sistema Monterrey

Sistema del Cañón del Huajuco

Las combinaciones de estas 13 fuentes asegurarían la demanda potencial de agua hasta el año 2038, y si se continúa avanzando en la eficientización del uso y se reduce el consumo, sin sacrificar la calidad del servicio, se podría configurar un plan posiblemente hasta el año 2050. Los dineros recaudables por la venta de agua tratada, por sí solos, podrían garantizar las inversiones necesarias.

Sin embargo, hoy día, con almacenamientos en las tres presas que llegan apenas a los 470 millones de metros cúbicos, no se logra garantizar la demanda potencial de agua potable del año 2000, y se vive la amenaza de cortes horarios en el servicio para ahorrar el vital líquido, esto demuestra que el gran problema no es la carencia potencial de agua, sino la dificultad económico-social para disponer de ella, garantizar su calidad y distribuirla racionalmente a los usuarios.

Hoy día todo se le acusa a la grave sequía que se padece, lo cual, analizando el historial pluviométrico del Estado, no es una gran sorpresa, y los cálculos y proyecciones de abasto debieron realizarse considerando esta situación extrema.

Nuestra realidad hidrológica demuestra que las lluvias por abajo de 50 mm mensuales y de una intensidad de precipitación menor a los 15 mm por hora tienen un insignificante rendimiento como fuentes reabastecedoras de los acuíferos, y deben descontarse del balance pluvial. Durante este siglo pasado se comprobó reiteradamente este fenómeno, por lo que debemos poner más atención al cómo llueve.

Nos sorprende el comportamiento pluvial del invierno de este año pero al compararlo con los datos medios del siglo que está por concluir, el porcentaje de años con inviernos como el actual, sin lluvias efectivas o con rendimiento cero o insignificante fue 86.5 y su complemento, que representa los años con inviernos con lluvias efectivas, apenas llegó al 13.5%.

Este análisis y el complementario de las precipitaciones menores a 50 mm permite evaluar la viabilidad de la agricultura de temporal en una buena parte de las llanuras costeras del estado, y la posible salud estacional de los agostaderos para el ganado.

También se evidencia con el análisis de la información pluviométrica que el escurrimiento de agua de los ríos y arroyos depende no solamente de cuánto llueve y cómo llueve, sino de las condiciones del substrato superficial y profundo de la corteza terrestre que almacena temporalmente o deriva los excedentes de permeación y escurrimiento.

Históricamente teníamos un rendimiento pluvial en la estación hidrométrica El Cuchillo que oscilaba entre 1 y 2.2 millones de metros cúbicos por milímetro anual de precipitación pluvial registrada en la estación pluviométrica de Monterrey, pero en el periodo 1989-1999 que comprende 10 años consecutivos, los valores han descendido a cifras del orden de 0.3 millones de metros cúbicos por milímetro.

Esto parece demostrar la importancia y el grave impacto que está ocasionando el actual manejo de esta cuenca hidrológica. Es posible que el volumen de extracciones profundas y prácticas aplicadas para conservación del agua en los suelos, esté aumentando la retención regional y reduciendo los excedentes de correntía superficial y básico.

Los datos hidrométricos demuestran que la presa El Cuchillo en 1999 recargó solamente la tercera parte de lo que hubiese sucedido años atrás bajo condiciones pluviales análogas. Esta política de manejo hidrológico favorece la generación de ríos, arroyos secos y desertificados.

A medida que nos adentramos en la competencia por los recursos acuíferos comprenderemos en dónde radica la escasez de agua, descubriremos lo difícil que es conciliar los problemas sociales, los económicos, los administrativos y los que presenta la misma naturaleza de nuestra región, pero seamos positivos, hay mucho por hacer.

Pronto veremos que la principal dificultad radicará en garantizar la potabilidad del agua servida, conviene estructurar una organización responsable, independiente a SADM, que la certifique, de otra manera, se acerca la posibilidad de que todos tengamos que recurrir al agua embotellada para beber y hasta promueva esta alternativa. Ya la paraestatal y algunos empresarios muy importantes han pensado en estructurar este macronegocio.

Creo que necesitamos involucrarnos y estudiar e investigar más la historia hidrológica de Nuevo León y el modus operandi de nuestra naturaleza, así como conservar buenas relaciones políticas a todos niveles y con todos los sectores, de ello depende nuestro futuro

 

 

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