jovenes manejando

Advertencia no escuchada

NOTA DE REDACCION:

En agosto 21 de este año, y a raíz de una reciente iniciativa de la Secretaría de Tránsito y Vialidad de San Pedro Garza García en la que se otorgaría licencia de manejar a los jóvenes de 15 años, Jorge Longoria, vecino del municipio y articulista de la columna Pulso Urbano, envió a la Edición Sierra Madre, de El Norte, una colaboración en la que se manifestaba en contra de las medidas asumidas por la autoridad responsable.

Estas medidas incluían la autorización de licencias a menores de edad y el incremento del límite de velocidad en la Calzada del Valle.

Ante el fatal accidente ocurrido el sábado al mediodía precisamente en la Calzada del Valle, en el que murió un joven de 14 años que conducía un auto y resultó gravemente herido su acompañante de 15 años, se reproduce el artículo publicado en agosto por considerar que contiene elementos que en ese entonces hacían una llamada de atención sobre las medidas adoptadas.

Con licencia para morir… asegurado

Por Jorge Longoria

San Pedro Garza García en Nuevo León siempre se ha distinguido por ser un municipio modelo y punta de lanza en innovaciones, principalmente por la conducta cívica de sus ciudadanos. Sin embargo, debo admitir la confusión de no poder asimilar el actual pensamiento vanguardista de la autoridad sampetrina.

Es preciso considerar que la alternancia política que se ha dado en este municipio, obliga a las diversas autoridades que lo han encabezado a tratar siempre de estar dentro del ánimo de sus conciudadanos.

Por ellos sus “actos y omisiones” (la vista gorda también se da en San Pedro) siempre van enfocadas a moverse dentro y de una estrecha banda cuyo margen de maniobra resulta ser la diferencia entre la excelsitud y la excentricidad. Por ello en sus actos y decisiones se impone la innovación vanguardista o se excede la prudencia sensata.

En medio de este dilema se encuentra la búsqueda de respuestas a la condición social establecida y demandada por la juventud de San Pedro Garza García: El status “obliga” a los jóvenes quinceañeros a desenvolverse en un medio en donde se busca ser el primero en muchos sentidos.

El riesgo de que esa primacía sea sensatamente orientada o cabalmente interpretada es disputa cotidiana entre padres e hijos y no por ello deja de ser estimulada socialmente cada día a más temprana edad.

Antes, (qué aburrido) a los 15 años se iniciaba el “despertar” a la vida. Ahora, al joven adolescente se le encamina desde los 12 años para que se vaya adentrando al status de tal suerte que al llegar a los 15 se encuentre activo socialmente y con experiencia avalada y para ello la autoridad siempre atenta, pretende refrendarla.

Ante este embate de juventud precoz, la autoridad “moderna”, para evitarle a los papás no “hacer el oso” al recoger a los adolescentes de las fiestas quinceañeras o reuniones sociales noctámbulas, ha empezado a prepararse a la futura demanda y ya implementó permisos para conducir a los 15 años.

Claro, por favor, esto no es a la ligera, existen 11 requisitos para otorgárseles permisos provisionales.

Entre ellos, tener calificaciones promedio de 70, permiso de los papás, curso de manejo teórico y práctico de 10 horas, horario de conducir limitado de 7:00 a 19:00 horas, portar calcomanía de “conductor novel” y (aunque no se menciona porque resulta obvio) contar con máquina automotriz de entre 1 a 1.5 toneladas de peso y capacidad de desplazamiento de 120 kilómetros por hora.

Además, para tranquilidad de los papás para que sus hijos no pasen penas, nuestras autoridades ya negociaron con las compañías de seguros para que sea válido el “permiso discrecional al novel conductor” pomposamente presumido como de uso exclusivo en San Pedro.

Por cierto, no se exige grado de estudios como mínimo (preparatoria, por ejemplo) o estatura mínima que garantice visibilidad al conductor. ¡No! Sólo que cuente con permiso de papi. (Por Dios, señores, si hay adolescentes que no pasan la estatura de ciertos juegos mecánicos de Fiesta Texas).

Por ejemplo, en la Calzada del Valle, de apenas 2.2 kilómetros de longitud (de Humberto Lobo a Gómez Morín), ha sido “actualizada” su velocidad máxima de 50 a 70 kilómetros por hora. Cabe señalar que en Morones Prieto la máxima es de 60 kilómetros por hora.

Para ello, a la autoridad municipal no le importó que esta avenida cuente con rotonda de por medio, tres cruceros semaforizados y afluencia de cientos de ciudadanos de todas las edades que cruzan sus calles diariamente y a cualquier hora para usar el amplio camellón (desde mamás con carriolas hasta abuelitos trotadores).

Lo primero que se me viene a la cabeza al tratar de entender las “novedades” viales y reglamentarias para conducir y conducirse implementadas en el Municipio “vanguardia” de México, es que se ha perdido la noción de autoridad.

Cuando los planteamientos de la autoridad se perciben como contrarios al sondeo de opinión ciudadano se corre el riesgo de impopularidad, sin embargo, sucede lo contrario cuando con ligereza se pretende darle respuesta a un erróneo “consenso” de los “reclamos” ciudadanos reflejados en ciertas conductas sociales de excepción, y la autoridad municipal pretende asumirlas como norma generalizada de vanguardia.

La Calzada del Valle tiene innumerables deficiencias de operación, por ejemplo: una rotonda sin claridad de quién tiene preferencia al circular en ella, retornos de multiplicidad de usos direccionales saturados de boyas y señalamientos hasta en pleno pavimento (por cierto, parecen “pits” de go-karts), cero protección de cruce para el peatón que usa los camellones, y ahora autorización para velocidades de crucero de 70 kilómetros por hora, como si fuera una autopista suburbana.

El alto riesgo que conlleva el no saber interpretar y encauzar adecuadamente los reclamos ciudadanos al pretender asumir actitudes paternalistas suplementarias como el regular y condicionar discrecionalmente los permisos de conducir (tal es el caso de renovación de credenciales condicionadas a un accidente en tres meses), nos debe obligar a los ciudadanos a reflexionar y a diferenciar entre las pretensiones de encauzar el natural anarquismo quinceañero de entre los riesgos a que lleva el absolutismo municipal de implementar medidas fuera de toda norma y prudencia vial.

Tal pareciera que lo único que se buscó con estas medidas es proteger a las compañías de seguros para que sea efectivo el seguro de vida y daños en accidentes quinceañeros.

Me pregunto: ¿Es esto lo que la sociedad de San Pedro reclama a la autoridad? ¿Una licencia para morir… asegurado

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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