1995 10 06 Lo reciclable del ciclión

Lo reciclable del ciclón

El Norte / Locales / Pulso Urbano

Por: Jorge Longoria

Trayectoria del Huracán Gilberto en 1988

Entre la fenomenal parejita de Gilberto “88 y Gabriela “95, se han presentado además dos trombas pluviales en 1993 y 1994, mismas que nos han “inspirado” para dedicarle un buen espacio al gravísimo problema de nuestra infraestructura vial y pluvial.

Sin embargo este último fenómeno meteorológico (Gabrielle), sin proponérselo y sin llegar propiamente a plenitud a Nuevo León, logró con sus acechos y “amenazas de visita” a nuestra metrópoli poner en evidencia una vez más, la pobre acción de obra pública en materia pluvial.

Tratar de resolver el drama pluvial, que está estrechamente ligado a la vialidad, resulta dada día que pasa, un problema mayúsculo que difícilmente se verá resuelto en lo que resta de este siglo.

A la escasa acción por resolver este problema, ahora se le suma una pobre calidad de obra pública que se ha ido acumulando y remarcando en los años recientes. Con estas lluvias recientes, se ha puesto en evidencia no sólo la incapacidad técnica, sino además la falta de visión y descontrol en que se encuentra anegada la planeación de la Ciudad.

En Pulso Urbano, hemos insistido reiteradamente sobre esta situación, que en resumen resultan ser llamadas de alerta sobre lo que día a día se ve como una amenaza latente sobre la sana operación y función de la Ciudad, lo lamentable es que, ante la falta de respuesta, el riesgo no sólo ha aumentado (potencialmente hablando), sino que éste crece (territorialmente hablando) y se está expandiendo a otras latitudes que no son precisamente zonas bajas.

Tal es el caso de avenidas recientemente construidas y otras más antiguas pero que ahora reciben más volumen de agua, y todo porque su cuenca está más pavimentada o más techada.

¿Ejemplos?, de las nuevas: Boulevard Constitución bajo el puente Miravalle y al poniente del puente Gonzalitos. Avenida Constitución en su entronque con el Boulevard, también al poniente de la rampa del puente Venustiano Carranza, o bien frente al Teatro Monterrey del IMSS, etc.

¿Otras más? Ave. Morones Prieto, Ruiz Cortines, Fidel Velázquez.

Hago la aclaración que no e refiero a pasos a desnivel que esos de por si ya no son noticia, me refiero a zonas PLANAS.

Ante tal situación, volveremos a caer en las llamadas de alerta, no sin antes hacer un pequeño recordatorio de las otras llamadas.

Primera llamada

Pulso Urbano surge tras la huella del Gilberto en el “88, no obstante, insistir propiamente sobre la necesidad de dotar a la Ciudad de una actualizada red de Drenaje Pluvial, ha sido tema recurrente.

En varias ocasiones hemos lanzado la voz de alerta sobre esta grave situación de la deficiencia del drenaje pluvial y su inevitable repercusión en daños a la vialidad. La primera llamada de alerta la hicimos el 9 de julio de 1993 con el artículo “Drenaje Pluvial… ¿Problema trivial?”.

En el mismo, invitamos a la reflexión sobre la importancia de apresurar el plan maestro de drenaje pluvial y ejemplificamos sobre los desastres patrimoniales reflejada en pérdidas cuantiosas de mobiliario, vestido y hasta viviendas para cientos de familias neolonesas, tras el paso de cada lluvia intensa que se debate sobre la Ciudad.

Segunda llamada

Ante lo que consideramos una tímida respuesta de la Primera Llamada, en donde la Ciudad sólo conoció el inicio al Plan Maestro Pluvial Metropolitano, volvimos de nueva cuenta a lanzar otro exhorto.

Esta vez, el título del artículo publicado el 23 de septiembre de 1994 se llamó: “¿Resignación ciudadana?…Importancia del diluvio diluido.”

En este artículo en especial, se deriva de otro nuevo embate de lluvias torrenciales que se presentaron en la ciudad el 16 de septiembre de 1994.

Publicamos la tabla de la conformación urbana de las cuencas pluviales, los nombres de estas, la superficie en hectáreas y su escurrimiento potencial extraordinario se presentó aparejado con las cifras de población que se pudiera ver afectada o beneficiada según sea el caso dependiendo de la respuesta.

Por cierto que en este plan, al fin se definieron las 10 grandes cuencas pluviales y se obtuvo además el diagnóstico y posibles soluciones, que por cierto demanda de una inversión igual o superior al demandado por la construcción de la presa El Cuchillo.

Está claro que ante otro más de los embates climáticos derivados de intensas lluvias, la angustia ciudadana de perder de nueva cuenta los bienes familiares, más las costosísimas reparaciones de los daños causados por el torrente sin control, golpean fuertemente la economía no sólo de las familias, sino hasta de cualquier arca estatal y municipal.

Por ello, la toma de decisiones en la inversión pública y su beneficio tangible en este caso, está fuera de toda duda, sin embargo a pesar de todo, se siguió obedeciendo al factor “ruido e imagen espectacular” para decidirse sobre obras de carácter más suntuoso que propiamente prioritario.

Tercera llamada

De nueva cuenta, en 1994 las consecuencias posteriores de los torrenciales aguaceros que se encuentran a su paso obras mal planeadas nos demostraron quienes son los verdaderos jueces históricos de la obra pública.

Alguna vez el premio Nobel de literatura el mexicano Octavio Paz definió a la Arquitectura como “el testigo insobornable de la Historia”, dado que los edificios dejan huella en su estilo y época al paso del tiempo.

Así es que, parafraseándolo, podríamos decir que: “La lluvia y su torrente son los fiscales incorruptibles de la verdadera calidad de la obra pública”.

Esto lo pudimos comprobar y denunciar en al artículo “García: con la gracia de la indulgencia… Cara oculta de la metrópoli” publicado el 7 de octubre de 1994, mismo que narra el casco del famoso puente sobre el arroyo Bali en el acceso al municipio de García y que en estas últimas lluvias a un año de esa publicación, ha quedado nuevamente dañado.

Una obra largamente demorada, de dudosa asignación, de concepción incompleta y con grandes perjuicios de comunicación para el grueso de la población, fue duramente exhibida por torrenciales aguaceros de septiembre de 1994.

Por ello le dedicamos el artículo, haciendo referencia sobre cómo una población más deseosa de trabajar que de molestar, soportó históricamente la demora de más de 10 meses de ejecución de un simple puente que debió de ejecutarse en no más de tres meses.

Una obra que por encontrarse en la cara oculta de la metrópoli no recibió la atención “publicitaria” que obligara a sus constructores y responsables al menos a apresurar el paso.

Hubo necesidad de que la lluvia incomunicara al poblado para que las autoridades de Obras Públicas del Estado se percataran sobre su retraso y se decidieran a actuar en consecuencia.

El colmo de males resulta que no contaban con “Gabriela” que de nueva cuenta descobijó al puente y sus vicios ocultos.

Errores reciclables

Los conatos de “visitas” de huracanes a Nuevo León, se reducen tan sólo a lluvias copiosas como en el ’88, intensas como en el ’94 y hasta intermitentes como en el ’95, pero que en todos los casos no fueron por más de 24 horas.

Esto es, a lo mucho en tan sólo tres días de los últimos siete años, se puso en evidencia por enésima ocasión, la urgente necesidad de replantear prioridades y objetivos de la obra pública y su evidente costo beneficio.

En materia de obra pública, la lección dada por Gilberto ’88 en donde la conurbación metropolitana de Monterrey sufrió costosísimos daños materiales y cuantiosas pérdidas de vidas humanas, (extraoficialmente se habla de 200 muertes) obligó a una reconsideración de la aplicación del presupuesto estatal, en donde hubo de requerirse de enormes inversiones económicas para “reconstruir la ciudad devastada por los torrentes pluviales ansiosos de reencontrar su cauce.

Sin embargo, los horrores del saldo trágico, al parecer no fueron lo suficientemente impresionables como para “obligar” a reconsiderar la causa-efecto y la reconstrucción de lo dañado se hizo sobre el mismo sitio y por lo tanto el error se recicló.

Lamentablemente la falta de proyectos alternos y oportunos que diera una mejor solución a la reconstrucción, llevó a las autoridades a construir sobre lo destruido.

Por esta razón, los horrores vividos en el ’88 se harán presentes en la mente de todos los ciudadanos cada vez que nos caiga un chubasco.

Los mismos errores existentes han sido reciclados tras cada lluvia.

Las mismas calles sobresaturadas, las mismas instalaciones sobre el lecho del río Santa Catarina, las mismas situaciones de habitantes en los márgenes de ríos, las mismas cloacas tapadas, más basura en las calles, más estreches en el río por más obras viales sobre su lecho, los mismos hundimientos del pavimento, los mismos drenajes tapados de los pasos hundidos y hasta el mismo silencio de las Cámaras y Colegios Profesionales que nada pueden decir al respecto.

Los mismos errores acumulados y de nueva cuenta la aplicación de “recursos frescos” que sólo hacen frotarse las manos a los “cirujanos” de la reconstrucción.

Es irónico, que lo construido en meses, sea destruido en horas y reconstruido en días.

Me da la impresión de que Monterrey es la única ciudad del mundo en la que se construyen avenidas paralelas a los márgenes de un río seco para que cuando llueva éstas acumulen agua.

Esto es explicable dentro de la teoría del reciclaje, en donde la única justificante para obtener “recursos aplicables” es reciclando el error para poder tener obra.

De nuevo a reparar el puente de acceso a Villa de García, a tapar baches de calles recién pavimentadas, a limpiar drenajes después de la lluvia (no antes).

Todo está dicho. Sólo nos resta prepararnos para la reinauguración por enésima vez de la “ciclopista” sobre el lecho del río Santa Catarina. Sólo una sugerencia, bauticémosla como la “pista del ciclón”, al menos en esto seríamos más honestos

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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