Administración urbana en tiempos de crisis

El Norte / Locales / Pulso Urbano

Por : Jorge Longoria

Al igual que los más de 3 millones de ciudadanos de esta cada día más complicada conurbación metropolitana de Monterrey, nos preparábamos tranquilamente a enfrentar con nuevos bríos los propósitos y planes del incipiente 1995.

Pero al igual que los otros 90 millones de “paisanos”, nuestra primera tarea del año nuevo ha sido una no enlistada en los propósitos pre-elaborados en la Navidad del 94.

Y esta fue precisamente la de cambiar el orden de prioridades. La reflexión ahora, más que nunca nos lleva a seguir procurando por preservar en el caso de los ciudadanos, los valores y en el caso del sector público, los escasos recursos para una mejor derrama en beneficio del bienestar ciudadano.

LA CRISIS

Sale sobrando dar mayores detalles, pero basta decir que la “perspectiva de 1995” con su deslumbrante “marco macro económico” entregada por lo anterior administración sexenal para su custodia a los nuevos inquilinos de Los Pinos, no soportó la “sacudida de polvo”.

Esta situación calificada oficialmente como una “emergencia económica” obligará a la cancelación de un sinnúmero de proyectos para los estados en general, sin excepción alguna.

Sin embargo, aquí es en donde la reflexión debe de imperar en la toma de decisiones, sobre todo, tratándose de aquellos proyectos que aportan mejorías sobre los valores patrimoniales del ser.

Aquí es en donde las acciones, propósitos y toma de decisiones deben de estar plenamente sujetas a la participación social y que obedezca a una alta responsabilidad frente a los ciudadanos para darle un pleno sentido de justicia social.

Ante esta actitud cupular ante la crisis que bien podríamos calificarla como un ejemplo detonante a nivel nacional, es de esperarse que al menos, esto se asimile sensatamente en los estados.

LA PLANEACION

Al referirme a la asimilación sensata de esta crisis, me refiero a la necesidad no sólo de copiar indiscriminadamente el cliché de la acción del recorte del gasto y la cancelación de la obra pública, sino de aplicar la objetividad a la utilización visionaria de los escasos recursos para después de la crisis.

En nuestro Estado, y sin que sea excepción en los municipios conurbados, sean de la administración que sea, y por más panista o priísta que esta presuma ser, no existe la cultura de la administración en la continuidad de la planeación urbana.

Entendamos como administración y planeación urbana, el esquema estratégico de acciones y programas de ejecución de la acción pública.

No existe en el esquema administrativo un departamento de planeación de proyectos estratégicos que dé continuidad más allá de una administración.

Es común encontrarse con una nueva administración que la obra prioritaria de la administración saliente, ahora resulta obsoleta o equivocada.

Esto resulta ante la falta de profesionalización de la administración pública, en donde se carece de una área específica que cuente con el acervo y catálogo de proyectos no sólo geométricos o conceptuales, sino de proyectos ejecutivos completos y que a su vez éstos estén consensados con la población.

Pero por favor NO confundamos la planeación urbana de los tan llevados y traídos planes parciales y microzonificaciones, que es meramente concepción organizacional de la utilización del suelo, con lo que es la acción pública de la construcción de la infraestructura de servicios y de comunicación.

EL CAMINO

A raíz de la declaración de lo agudo de la crisis, se han hecho declaraciones tendientes a la reducción de costos vía cancelación de obras y recortes de personal, en donde sólo ha imperado darle salida a la presión del momento por falta de liquidez.

Claro, se anuncia que no se afectarán partidas de Seguridad Pública y Salud, pero nunca se anuncia en qué se ocupará el resto de la administración en este período de transición improductiva.

Hemos enfrentado un sinnúmero de contratiempos en la obra pública por falta precisamente de planeación urbana administrativa. Los principales problemas que resultan ante esta falta, son comunes y conocidos por la comunidad, tales como:

“Ajustes” y arreglos posteriores en obra recién inauguradas.

Contratiempos en el flujo de pago a contratistas

Anuncios de obras “sacadas de la manga” y consecuentemente…

Problemas con vecinos por desconocimiento de los alcances de la obra.

Inicio de obras sin alcances totalmente definidos.

Sobregiro de costos iniciales por falta de ingeniería completa.

Toma de decisiones sobre la marcha por falta de tiempo.

Terminaciones al vapor por falta de calendarios de obra programados.

Ante todo esto, este momento de improductividad física, se debe de traducir en la oportunidad para la planeación urbana estratégica.

Prever: El qué, cómo, cuándo, dónde, con qué y ante quiénes se debe de plantear tal o cual obra es factor clave de toda obra ya no sólo para su final feliz, sino de un feliz inicio.

Para darnos una idea de lo meticuloso que es la verdadera planeación de obra y por ende la efectiva planeación urbana, se debe al menos seguir al pie de la letra el siguiente “Decálogo de la Planeación”.

Para llevar a cabo una obra, cualquiera que esta sea, se requiere de una serie de pasos y estudios previos que progresivamente transitan por diversas etapas. Estas van desde la “ocurrencia” de la acción hasta la terminación de la misma y estos serían los pasos previos y consecutivos:

1. Justificante: Presentar y demostrar con datos estadísticos y/o consultas de que para tal proyecto, verdaderamente existe una demanda pública para su posible ejecución. Ya sea un crucero conflictivo, obras de infraestructura pluvial, vial o de colectores sanitarios, edificios públicos, etc.

2. Idea conceptual: Cuando se plantea la justificante de una idea esta deberá de plasmarse conceptualmente en un borrador que se presentará a consideración del Ejecutivo para que con su consentimiento se autoricen recursos para profundizar más en la idea.

3. Anteproyecto: Dependiendo del tipo de obra, se presentan opciones de lo que sería el proyecto arquitectónico, geométrico o de alineamiento. En él se deberán de plasmar las posibles acciones paralelas o secundarias de la obra. Posibles afectaciones, costos preliminares y flujo de inversión requerido.

4. Consenso ciudadano: Con la evaluación preliminar del anteproyecto, someter a la opinión pública y concretamente a los ciudadanos directamente involucrados dentro del radio de acción de la obra en particular su opinión y consideraciones pertinentes.

5. Factibilidad socioeconómica: La idea conceptual, es sometida a estudios socioeconómicos para determinar su eventual “costo-beneficio”. Esto es, que la obra sea evaluada técnica y socialmente para que realmente se obtenga de ella un beneficio al mayor número de ciudadanos con el menor costo posible.

6. Proyecto ejecutivo: Una vez cubierto los aspectos de su evaluación y si éste se aprueba, debe de ser autorizado al llevar a cabo el proyecto ejecutivo de donde se obtendrá toda la información escrita y gráfica como son las especificaciones y planos constructivos. Para esta información intervienen especialistas para cálculos estructurales, estudios previos de campo como sería mecánica de suelos, levantamientos físicos de instalaciones existentes, condiciones del terreno, etc.

7. Presupuesto de inversión: Sólo hasta que se termine el proyecto ejecutivo se está en condiciones de obtener el presupuesto de obra definitivo con variantes permisibles de más menos el 15 por ciento.

8. Autorización de inversión: Teniendo concluido el proyecto ejecutivo y con pleno conocimiento de su costo y beneficio, se busca la autorización del presupuesto por parte de el área de Finanzas, a fin de que se autorice y programen pagos al constructor.

9. Convocatoria: Teniendo la certeza de que se cuenta con los recursos económicos programados, se convoca a contratistas para la selección de la mejor oferta económica para llevar a cabo la ejecución de la obra.

10. Ejecución: Una vez “librados” los pasos anteriores, se estaría en posibilidades de lanzar la convocatoria pública para la selección de la compañía constructora y de ese modo poder dar feliz inicio a la obra en cuestión sin el temor de imprecisiones en su costo o de sobresaltos de la población.

LA OPORTUNIDAD

Como se ve, en tiempos normales el camino para un inicio feliz es largo y evitarlo conduce a desgastes y sobrecostos.

La oportunidad de esta crisis es la de darle a la planeación su tiempo justo para poder enfrentar con orden y disciplina el reinicio del nuevo orden económico.

Un proyecto en orden demanda un período largo de planeación y gestación, tal como se ve en la gráfica del “Decálogo de la Planeación”.

Ante esta crisis, sería un error no dedicar recursos a una infinidad de proyectos pendientes que demandan su ingeniería y por ende su costo previo.

Una ingeniería que demanda meses previo al inicio de la obra, en donde además sus costos varían entre el 2.5 por ciento y el 5.0 por ciento del costo de la obra, mismos que representan una inversión considerable, debería de estarse previendo.

La lista de obras pendientes que demandan ingeniería básica y ejecutiva es larga y van desde proyectos tales como:

Drenaje Pluvial en 10 cuencas metropolitanas.

Sistemas viales en al menos 15 cruceros importantes.

Proyecto de señalización metropolitana.

Proyectos de estaciones y líneas subsecuentes del Metro.

Plan maestro de vialidad.

Proyectos urbanos de nuevas áreas de desarrollo.

Reglamento metropolitano de construcción.

La crisis también es área de oportunidad. Por siempre se argumenta que la alta carga de trabajo dispensa esta acción ordenada de la planeación.

Bueno, pues aquí está la oportunidad de empezar bien el año y para que realmente en 1996 podamos aspirar a tener un feliz año.

 

 

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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