El peatón: ¡anda en malos pasos!

El Norte / Locales / Pulso Urbano

Por: Jorge Longoria

En nuestro nuevo México contemporáneo, al igual que en los países más avanzados, la cultura urbana se subyuga ante la máquina del siglo: el automóvil.

Por y para él, se abren cada día espacios suntuosos (a veces dificultosos) para su cómoda y vertiginosa circulación. Tan es así, que al mundo entero ya no le sorprende conocer resultados del triunfo de la ingeniería sobre la naturaleza.

PLUSVALIA

Ejemplos internacionales del triunfo de la ingeniería sobre la naturaleza los podemos ver en el caso del túnel submarino que intercomunica la Gran Bretaña con Francia bajo en Canal de La Mancha, mismo que es utilizado tanto por vehículos como por trenes bala.

Lo mismo se ha logrado a través de la selva, cerros y montañas, sobre barrancos y ríos e incluso sobre la ciudad y bajo el mar.

al vehículo se le procuran facilidades para su traslado y para que, sin “fatiga”, prácticamente recorra de un extremo a otro el continente con todo y sus islas. Vaya, se puede percibir que cualquier reto mundano se debe vencer con tal de permitir el libre tránsito del automóvil.

Extrapolando esto a nuestra metrópoli, podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que el culto hacia el automóvil se ha arraigado en nuestra forma de planear la Ciudad.

Las obras, se sobreentiende, aportan mejoría específica para las propiedades y una vez puestas en marcha, además de ello, se esperaría un beneficio para su usuario, que al final de cuentas es un ciudadano que también es peatón.

Pero aquí cabe preguntarnos: ¿de qué forma hemos adoptado y adaptado esta asimilación de promover la plusvalía?, ¿cuál es el sacrificio de este “arraigo”?, y si ¿existe realmente conciencia sobre el impacto humano de las acciones viales?

PLUSMARQUISTA

Declaraciones sobre acciones y programas tendientes a mejorar la plusvalía de la Ciudad surgen con cada nueva administración municipal.

Administración tras administración se publican anualmente un sinnúmero de ellas. Acciones que van desde leves “mejorías” para facilitar la vuelta y el retorno, hasta emproblemadas soluciones viales.

Acciones, todas ellas, tendientes a recortar la banqueta, a partir la plaza, a reubicar costosas instalaciones y a demoler antiguas edificaciones con tal de permitir la circulación a “Su Majestad”, el automóvil, pretendiendo con esto incrementar la plusvalía del sector.

Pareciera que todo, absolutamente todo, es válido, con tal de que el automóvil circule libremente. Tan es así que para facilidad de éste, el peatón se le obliga a tener condición de plusmarquista olímpico.

Por tal motivo, conservamos la cultura constructivista piramidal de “adoración” hacia las escaleras como “facilidad” para el peatón.

Nos concretamos a seguir repitiendo por décadas la misma y desgastada teoría de que al peatón a los pasos atonales con escaleras monumentales hay que trepares.

Este tipo de construcciones en todo caso sólo sirven para promover operativos de tránsito que cuestan equipo y horas hombre, más la acción de colocar mallas, muertes, bordes o lo que sea necesario para “obligar” al peatón a trepar y bajar 70 o más escalones (equivalente a tres pisos), menospreciando lo que cargue, ya sean bultos o niños.

PASOS DADOS

No importa en que sector o rincón de la Ciudad se trate. Ya sean hospitales, pulgas, centros comerciales, canchas deportivas, maternidades, escuelas o amplias avenidas.

Tampoco importa que es lo que localice en sus extremos: lotes baldíos, plazas públicas, estacionamientos o banquetas angostas.

Mucho menos influye si se localiza a mediación de cuadra o en la esquina.

La propuesta es siempre la misma. Un paso peatonal con empinadas y altas escaleras.

El resultado de estas recurrentes soluciones se traducen en minusvalía de las propiedades, inversiones poco aprovechables y retos para el peatón.

Las propiedades que son “agraciadas” con el sembrado de un paso peatonal son materialmente devaluadas con la presencia de estas moles de concreto.

Dígalo si no los resultados de los más recientes pasos atonales en la Ciudad.

Uno de ellos que más ejemplifica la contradictoria y absurda situación “del agraciado y del desgraciado” lo constituye el paso localizado en la Avenida Garza Sada y Luis Elizondo, justo frente al acceso posterior del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

En este caso en particular, existen dos tremendas contradicciones. En su extremo poniente la minusvalía a las propiedades es más que evidente. Una propiedad ahogada con la presencia de una monumental escalinata.

La propiedad ha quedado como inversión muerta y la banqueta sin motivo de su existencia.

Mientras tanto, en su extremo oriente, la portentosa y opulenta presencia del Campus del Tec, que de poco le ha de servir esta “solución” constructiva.

Rara vez, diría nunca, se han hecho declaraciones exclusivas para mejorar la infraestructura y, por ende, la plusvalía para el peatón.

No nos confundamos con las acciones de pasos atonales que surgen “asociados” con una obra vial, ya que aquí lo que se busca es no entorpecer el tráfico de la nueva avenida, más que proteger al peatón.

De ahí sus pobres resultados de “pasos apretados y empinados” que obstruyen la banqueta.

¡PROPUESTAS, PROPUESTAS!

Bueno, por qué no pensar en la solución para el peatón como si éste fuera un camión.

Perdón por la comparación, pero la experiencia nos indica que la única y válida forma de pensar en solución integral es ponerle ruedas al peatón.

Basta de absurdos publicitarios de promover “rampas” en los cordones de las banquetas cuando existe la adoración a las escalinatas de las pirámides implantadas en los pasos atonales.

Justo esta semana la nueva administración de Monterrey, con Jesús Hinojosa al frente, acaba de iniciar dos nuevospasos atonales con la misma vieja solución.

En la nota de El Norte del pasado día 23, se menciona que el “nuevo paso” costará 400 mil nuevos pesos y que un centro comercial donará 250 mil nuevos pesos como una respuesta de cooperación hacia sus consumidores.

En la foto de esa nota se ve al fondo la tienda comercial y un amplio estacionamiento.

Pregunta: ¿por qué en vez de la aportación económica no donar un espacio físico para la construcción de las rampas tan necesarias y de mejor uso.

Es prudente el pensar en forma integral en la solución para el peatón.

Esto implica NO afectar la propiedad particular. Es un hecho que para la ubicación de las escalinatas se procura el lugar frente a la propiedad más amolada.

Si es así, por qué en ves de perjudicarla más, mejor que se le comprara la propiedad y en su lugar se desarrollara la rampa en pendientes de 6 ó 7 grados de inclinación y junto a esta un pequeño jardín para remanso público concesionado a su vez el mantenimiento a un comercio informal.

Hay que dar el primer paso y para esto que los “nuevos” pasos se den en consideración para el peatón.

En el cuadro “Para un buen paso”, listo algunos puntos que en justicia ciudadana deben de orientar la decisión de una nueva administración.

En esta lista, hago un llamado a los legisladores, quienes podrían influir al promover como iniciativa en el principio de los derechos ciudadanos, el libre y cómodo tránsito peatonal, así como el respeto a la propiedad privada que se ve perjudicada con estas construcciones de dudoso beneficio.

¿Por qué tienen más derecho de amplitud y facilidad los automóviles que los peatones? ¿Acaso porque tienen ruedas?

Si es así, será necesario considerar al peatón como si fuera un camión. Si esto es indispensable hacerlo con tal de facilitarle su acceso a los pasos, pues adelante. ¿No cree

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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