La cara oculta de la metrópoli

El Norte / Editoriales / Opinion
Por: Jorge Longoria

Como principio de un orden de ideas, es prudente que inicie este artículo con la glosa de este título sugestivo.

García: Municipio conurbado a Monterrey, localizado en el extremo poniente de la metrópoli. (Definición de Pulso Urbano).

Gracia: f.(lat. gratia) Favor que hace uno sin estar obligado.

Indulgencia: f. Facilidad de perdonar las culpas ajenas. (Pequeño Larousse Ilustrado).

Con este inicio enmarcado con un pequeño brevario cultural pretendo que nos ubiquemos en tiempo y dimensión sobre lo que acontece en lo que llamaría “la cara oculta de la metrópoli”.

En esta cara se encuentran incluidos aquellos municipios que por “decreto urbano” aparecen en una carta de usos de suelo de municipios conurbados a Monterrey, pero que indiscriminadamente son tratados como un lejano municipio rural.

En esta situación está el caso de García, además del municipio de Juárez, pero por ahora nos ocupa un suceso reciente en el primero de ellos.

Tranquilidad arrebatada

Resulta que en nuestra zona metropolitana (para los ciudadanos despistados) existe un municipio de que sólo nos enteramos de existencia por las lamentables y penosas noticias de su muy peculiar acontecer.

García es un municipio de esos agradables aires de casco de hacienda, en donde su relativa tranquilidad sólo se veía perturbada con los múltiples visitantes de fin de semana que, atraídos por su atractivo turístico de las “Grutas”, se adentraban en la sierra ansiosos por encontrar una relajante actividad que los distrajera del mundanal y caótico centro metropolitano.

Sin embargo, esta apacible y a veces (para los urbanos) desapercibida población, se ha visto inmersa en múltiples sobresaltos que le obligan a ubicarse en la atención metropolitana como si se tratase de una ciudad “cosmopolita”, esto en el mejor de los casos, ya que en el caso extremo se encuentra su “atractiva” situación de municipio suburbano, con la suficiente atracción para que algunos partidos políticos de Oposición lleguen a considerarlo como un “botín-urbano-político”.

La turbulenta administración de su Alcalde recientemente destituido, las protestas pre y postelectorales que el PRI y el PRD han escenificado por la lucha del poder político son sólo algunas de las “noticias” periodísticas que le ubicaban ya como un municipio “digno” de tomarse en cuenta por la prensa.

Esto amén de las recientes declaraciones de su actual Alcalde, en donde se queja de las penurias económicas en donde no alcanza ni para los sueldos del personal de base. Sin embargo, como que si esto no resultaba suficiente para lo que se empeñan en “destacar” su ineficiencia y requería de añadírsele un ingrediente necesario que en toda ciudad no sólo estorba, sino que sobresale como algo “típicamente” característico de ese fiel reflejo a la intromisión burocrática: publicitar “avance” de la obra pública “metropolitana”.

Antecedentes y resultante

García cuenta con sólo un acceso “transitable” (diríamos ahora “acceso metropolitano) a través del único puente que estaba construido sobre el Río Pesquería, digo estaba porque hace más de 10 meses hubo que ser demolido, ya que su vetusta edificación cedía ante el carente mantenimiento preventivo y amenazaba por venirse abajo ante cualquier crecida del arroyo.

Razón por la cual con toda justicia el Gobierno del Estado al mismo tiempo que demolía, daba inicio a la construcción de un nuevo y amplio puente, tanto vehicular como peatonal, que brindara garantías de libre tránsito a quienes habitan y visitan este municipio.

Para ello se construye un vado provisional de desvío a esta zona de trabajo, y hasta aquí todo está más que bien, sin embargo, lo “típicamente” necesario hace su aparición cuando las pasadas lluvias del 16 de septiembre exhiben y ponen en evidencia el abandono total en que se encontraba esta “obra pública” metropolitana.

La evidencia demostró que esta obra y sus pobres avances son el resultado de un descuido profesional de muchos responsables, ya que a más de nueve meses de ignominia se atentó contra la integridad de todo un pueblo indulgente.

Aquí no hubo seguimiento “metro a metro”, por lo que los días y los meses transcurrieron tranquilamente con la aparente resignación de sus habitantes a utilizar un vado provisional que le sacaba la vuelta a una abandonada obra carente de supervisión y sin aparente queja alguna que trascendiera.

La Subsecretaría de Obras Públicas del Estado cuando da inicio a esta obra construye necesaria y obligadamente el mencionado vado provisional o libramiento, pero graciosamente este vado contaba con todas las características técnicas imprudenciales como para que se transformara en una represa en tiempo de lluvias.

Llegó la lluvia y con ella el reclamo del arroyo para su cauce, llevándose de encuentro al famoso vado. Con esto, se arrojaron al menos cuatro resultados, que aunque van de lo inadvertido a lo consecuente, no dejan de ser esperados y contradictoriamente sorprendentes.

Resultado número 1: El inadvertido. Una lluvia poco tolerante e insobornable que pone fin a la indulgencia de la autoridad municipal, quien cosecuenta a la autoridad estatal responsable de la obra. (Bueno, al menos así se podría interpretar la mala fortuna que exhibe este caso justo cuando la gracia celestial en forma de precipitación pluvial se hizo presente).

Resultado número 2: El consecuente. Un municipio incomunicado en una situación de emergencia, gracias al ejercicio imprudencial de los responsables de la vigilancia de la acción pública.

Resultado número 3: El esperado. El caudal de la lluvia reciente se encontró con un vado conformado a manera de represa, motivo por el cual la corriente reclama su derecho a pasar libremente sin importarle la etiqueta de obra pública estatal, ni la gracia concedida por la autoridad municipal de solapar tal retardo.

Resultado número 4: El sorprendente. Una obra con atraso de nueve meses que sobresaltó hasta a la misma autoridad responsable de ella, que NUNCA se percató de tan escandaloso retraso “del contratista” en una obra pública estatal en un municipio metropolitano.

Lección dada

Ante esta situación uno no puede más que lamentarse de que al margen de la aplicación de sanciones al contratista asignado a esta obra pública, al margen de las razones por demora del reembolso de estimaciones, de que si existió o no apego al calendario de actividades o que de plano se les olvidó que se “estaba construyendo” o que se debe de terminar esta obra pública, y aunque se le exhiba al contratista en la plaza principal de García, aquí ha pasado algo que definitivamente incurre en una situación de falta de responsabilidad y profesionalismo.

Si el pretexto ha sido por falta de recursos disponibles, significa que se inició esta obra sin apoyo o autorización presupuestaria. Si el pretexto es de que el contratista falló, el tiempo transcurrido para el reconocimiento de este retraso habla de la complicidad a una violación total del contrato público preestablecido en tiempo y costo.

En cualquiera de los dos casos, la responsabilidad pudiera incurrir en un atentado que raya en la negligencia profesional que puso en riesgo a toda una población que depende de este único acceso para su desarrollo y asistencia.

Si esto suena exagerado, existe el testimonio al aire del responsable de Protección Civil en el Estado cuando el día del aguacero, el pasado viernes 16 de septiembre al anochecer, a través de un noticiero de televisión, se escuchó el llamado público que con angustia éste hacía a los televidentes.

Ese día, en comunicación desde el sitio pedía al conductor del noticiero que por favor (palabras más, palabras menos) se localizara al dueño de un predio que podría ser utilizado para desvío de vehículos, ya que el acceso provisional se lo había llevado la corriente y los vigilantes prohibían su uso si no contaban con autorización, comentaba además que la fila de vehículos que tanto de un lado como el otro deseaban pasar parecía interminable.

Ignoro a qué hora apareció el susodicho propietario, pero lo que sí está por demás claro es que si hechos como este no se deben de repetir, tampoco deberían quedarse al amparo del borrón y cuenta nueva.

Si se preguntan ahora el porqué del reclamo postelectoral, yo pensaría que más que un reclamo de veracidad electoral, es una manifiesta evidencia de la repercusión consecuente de que el estado “de gracia” en que se encontraban los residentes de García terminó cuando la indulgencia llegó al límite de la tolerancia ante el mal manejo administrativo y la deficiente acción en la obra pública, que atentó contra un pueblo que hasta ahora se percató que en la metrópoli, al igual que en la luna, también existe una cara oculta

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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