Ciudad Universitaria ¿Un Campus Fraccionado?

El Norte | Locales | Pulso Urbano

Por: Jorge Longoria

Debo confesar que después de 16 años las cosas irremediablemente tendrían que cambiar.

Lo anterior sale a cuento dado que cuestiones personales y de trabajo (la prisa siempre cotidiana), me impedían observar con cuidado mi bien recordada “”casa” de estudios.

Me refiero a la Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León, o bien a lo que en las universidades privadas se conoce como “”campus”.

Sin embargo, la gran sorpresa que me ha resultado de este reencuentro no va precisamente asociada a la excelencia o a la presunción.

Lamentablemente, tengo que confesar que va más asociada al desencanto de una época bien recordada, en donde la alberca y plataforma de clavados asediada para el desconecte de la presión escolar se localizaba al final de los campos de entrenamiento rodeada de jardines apacibles.

Hoy, prácticamente, la alberca se encuentra sitiada por construcciones de todo género, así como por calles y caminos de difícil entendimiento de dirección vial.

Esto me ha obligado a la reflexión sobre lo que la pugna universitaria extra-académica puede ocasionar si se distorsionan los valores de equipo “”como un todo”.

La Ciudad Universitaria, conceptualizada y construida en la época del ex-Gobernador Raúl Rangel, cumple ya más de un 3 décadas, 31 años para ser exacto.

Muchos rectores han pasado, cientos de miles de profesionistas hemos pasado por sus aulas, decenas de directores han surgido y … muchos otros se han perpetuado en sus feudos territoriales.

La Ciudad Universitaria parece ser que ha visto pasar sus mejores años, y esto se refleja en sus diversos aspectos, en los que al parecer lo único que perdura son los motes de las mascotas de sus facultades.

Así que para aligerar un poco la crítica constructiva, ésta la correlaciono con las mascotas.

Una torre de Rectoría que parece competir en su esqueleto oxidado con la reciente inaugurada “”Flama Universitaria” del escultor Ayarzagoitia, que deja ver sus “”adentros” en forma tenebrosa.

Una vialidad equivocada en sentidos contrarios, que destantearía al más ilustre de los castores de Civil, si este aún viviera.

Cadenas en estacionamientos “”privados” y banquetas quebradas que parecieran recién pisoteadas por una estampida de elefantes de Comercio.

Omisión y maltrato de señalamientos que ni las lechuzas de Leyes podrían distinguir en las noches claras.

Cercas y corrales en “”patios” que la dignidad de los osos de Mecánica no aceptaría para sus encierros de concentración.

Una deficiente planeación y “”sembrado” de edificios que ni volando los pegassos de Arquitectura la podrían decifrar.

Jardines y matorrales que sólo serviría para que las víboras de Medicina se escondieran para buscar plantas medicinales.

Grandes planchas de estacionamiento que ni los potros de Agronomía podrían determinar el estado del suelo.

Escombros y chatarra encorralada como esperando el turno de la yunta para ser arrastrada por los mulos de Química para sus experimentos.

En fin, pareciera que todo ha “”evolucionado” sólo a un ritmo propicio para unas tortugas de Odontología.

Fuera de broma, esto además no es más que el fiel reflejo de lo que la acumulación de una deficitaria carga administrativa a través de los años ha propiciado en nuestra casa de estudios.

Con sobrada razón la actual administración de Rectoría que encabeza el licenciado Manuel Silos se ha propuesto devolverle capacidad económica a la Universidad.

Pero sentimos que además del esfuerzo de la reforma académica y financiera, se requiere además de un cambio de actitudes.

La Universidad Autónoma de Nuevo León requiere de oxigenar su campus.

Quitarle esa apariencia de fraccionamientos estudiantiles en donde cada facultad, con recelo y exageración de sentido de la propiedad, ha caído en el error de encerrar su territorio dando la sensación de pequeños feudos fuera de toda época.

Esto además se refleja en el campus de Medicina y el Hospital Universitario, en donde el desorden constructivo se refleja en sus estacionamientos y calles internas.

En Ciudad Universitaria, así como en cualquier complejo universitario, se deber de respirar un ambiente de armonía, de compañerismo, de libertad, de interactividad, de paisaje y sobre todo de expresión superior que da el poseer conocimiento del ser y el estar.

Por ello, desconcierta su actual situación desorientadora de planeación integral y conceptual de lo que debe ser una Ciudad Universitaria.

Los ex-alumnos algo debemos hacer por nuestra casa de estudios.

Desde aquí, un llamado al espíritu colaborador universitario para devolverle a nuestra casa de estudios algo de lo que nos dio.

Propongo al señor Rector que se convoque a la participación profesional para colaborar desinteresadamente en pro del orgullo universitario.

Que el esfuerzo que se da en el interior de las aulas se refleje además en un concepto de ciudad armónica y planificada.

Empecemos por darle orden urbano a su desorden vial, luego retiremos los escombros, los corrales y los patios de chatarra encerrados por mallas de alambre que lo único que alejan es el espíritu de colaboración.

Que siempre arda la flama de la verdad.

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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