Chipinque: Expropiemos la indiferencia

El Norte | Locales | Pulso Urbano
POR JORGE LONGORIA

El domingo pasado decidí “”madrugar” y en compañía de mis hijos mayores me dispuse a escalar las veredas del expropiado Parque Chipinque.

Al llegar, pagamos los 10 mil pesos por estacionarnos unos metros adelante de la puerta de control de acceso, ya que el parque carece de espacios para estacionamiento, de tal suerte que ahí iniciamos lo que pretendía ser nuestro “”encuentro con la naturaleza”.

Sin embargo, esto se transformó en el “”encuentro con la extrañeza”…

Resulta irónico que aunque los padres de familia llevemos a nuestros hijos a conocer la naturaleza, ellos sólo alcancen a “”aprender” que Chipinque es un lugar que los fatiga.

Curiosmente, las preguntas que los niños hacían a sus padres y que no podíamos contestar, se repetían como una constante entre los grupos de familias que nos cruzábamos.

Los únicos señalamientos son unos números consecutivos en color rojo sobre unas láminas cuadradas de aproximadamente 15 o 20 centímetros por lado.

Aquí surgen las primeras interrogantes: ¿Son señalamientos de rutas o veredas…? ¿tal vez de metros recorridos…? ¿pudiera ser de niveles en cientos de metros sobre el nivel del mar…? ¿o simplemente referencia de alguna carrera de campo traviesa indicando las estaciones de abastecimiento?

Lo cierto es que resulta desconcertante, incómodo y totalmente impráctico este señalamiento.

Vaya, resultan más estimulantes las frases escritas sobre algunas piedras del camino o de los escalones que dan mensajes de ánimo ante el esfuerzo realizado.

Ante todo esto nos queda la sensación de que el Parque Chipinque está sólo considerado como una pista de campo traviesa.

Los cientos de paseantes que lo visitan parecieran tener como reto a vencer sólo el trepar por las veredas en el menor tiempo posible.

Con esto se ha pasado por alto lo que pudiera ser una clase de la flora, la fauna y la geografía a través de la contemplación activa y pasiva.

Al parecer las mismas autoridades así lo han fomentado ya que es común escuchar sobre competencias ciclistas o caminatas o bien concentración de entrenamiento de algún club de futbolistas, mas nunca sobre ciclos de ecología.

Con lo anterior se ha pasado por alto lo que pudiera ser un natural campo de aprendizaje, de encuentro con la flora y la fauna.

Tal vez los más preocupados por el Parque Chipinque son los de mantenimiento, porque luce impecable.

Sin embargo, por el reciente cambio de rango a subsecretaría de la anterior Dirección de Ecología del Gobierno del Estado, misma que está bajo la responsabilidad de Elida Rizzo y sabiendo de su capacidad y preocupación hacia este tipo de requerimientos, creemos que es el momento para retomar iniciativas que revaloricen este parque.

Como una iniciativa para convertir el Parque Chipinque en un campo para el aprendizaje en completa armonía con la cultura del deporte y del esparcimiento activo y pasivo.

En nuestro recorrido de ascenso por las veredas y retorno por la carretera pudimos apreciar al otro Chipinque inadvertido para los despistados o presurosos de su marca personal.

Las especies de los árboles, sus complicadas formas, su edad, su altura, etcétera, son sólo algunos de los temas de los que se podría platicar, contemplar y aprender en el parque si existieran referencias sobre los mismos.

Conocer los insectos más comunes como las arañas “”patonas” que pareciera que están por todas partes, su peligrosidad o bien su participación dentro del ecosistema, deberá ser parte de la mística del nuevo Chipinque.

Sobre las aves alcanzamos a reconocer los pájaros carpinteros, con su peculiar mechón rojo sobre la cabeza, pero ésta y otra ave de colorido azulverdoso, ardillas o ratas son sólo pequeños ejemplos de lo que se puede descubrir en Chipinque.

En fin, que Chipinque adquiera el verdadero aspecto de parque didáctico que pudiera tener.

En el cuadro anexo se enlistan los puntos que sugerimos se lleven a cabo para su mejor aprovechamiento. Estamos seguros que en coordinación con la Facultad de Ciencias Biológicas y la participación de grupos ecologistas, la Subsecretaría de Ecología podrá darle al parque su verdadera dimensión de aportación e invitación al conocimiento.

Una población más instruida es una población más participativa por la conservación del medio ambiente. Si sabemos qué tiempo toma a un árbol alcanzar tal o cual magnitud de tronco y altura, en esa medida tendremos la conciencia por su conservación.

El orden desde su acceso vehícular es reflejo de lo que uno puede esperar en su recorrido. Contar con espacios cómodos y seguros y que los expendios de refrescos y jugos sean acordes al sitio debe ser premisa de imagen didacta.

Como ejemplo de estacionamiento y orden local basta ver el del Parque La Estanzuela, acoplado a la topografía del lugar, y como ejemplos extranjeros, el Parque Natural Mouir Woods, en San Francisco, California, así como el Botanical Garden, de San Luis Missouri.

El Parque Chipinque debe culminar su expropiación. La indiferencia hacia su entorno debe ser erradicada por autoridades, paseantes, deportistas y políticos.

Es necesario sacarle el verdadero aprendizaje que un parque natural como Chipinque puede aportar. La expropiación política quedó atrás, iniciemos la expropiación de la indiferencia.

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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