Arquitectos Fortuitos, Obras Efímeras.

El Norte / Locales / PULSO URBANO

Por: Jorge Longoria

Don Santiago Roel, un político de abolengo y prestigio, lanzó un llamado a la responsabilidad en un artículo publicado en este periódico (El Norte, pag. 14A) el pasado domingo 6 de noviembre de 1988 con el título de Memorandum.

En él, además del llamado anterior, exalta el espíritu regiomontano y algunas cuestiones políticas.

Lo que llama poderosamente mi atención, es su casi desesperación ante la sorpresa de encontrar la ciudad de Monterrey en el estado actual, después de el paso del huracán “”Gilberto” por la entidad.

Ante lo anterior, en su llamado a la responsabilidad, hace un reclamo público, y que textualmente dice lo siguiente: “”¡tenemos qué saber cómo podremos evitar otro desastre parecido y sobre todo, es necesario, exigir responsabilidades!”, y continúa preguntando: “”¿cómo es posible que el río se haya canalizado varias veces y no hayamos podido prevenir o desviar sus broncas corrientes?”. Y termina con otra pregunta más, “”¿quién es el responsable?, ¿dónde quedó la bolita?”.

Estas interrogantes hechas ahora por don Santiago Roel, son las mismas que angustiosamente se hacen todos los días miles de regiomontanos que vivieron estas tragedias, y que definitivamente requieren una respuesta.

Contestando a otra de sus preguntas, claro que tanto en la Universidad como en el Tecnológico, existen y han surgido técnicos y profesionistas capaces, tanto, que los más, han buscado y encontrado cabida para su desarrollo extranjero.

Y la respuesta, al por qué han emigrado, la tienen las autoridades universitarias, (será acaso por la falta de estímulo y apoyo), en cambio, la respuesta al por qué no han opinado los que aún se encuentran aquí, la tienen precisamente ellos, en donde evidentemente, es más importante el silencio y la complicidad, para no perder alguna eterna e ilusoria posición o concesión, que su compromiso con la comunidad que les dio la educación.

Tal como hace alusión don Santiago Roel, refiriéndose a la situación política del País, ahora son otros tiempos, y se requiere para mejorar y salir adelante, de la sana y constructiva crítica o autocrítica.

Al ciudadano común no le interesa que le digan cuántos caminos, avenidas, tuberías, escuelas, puentes, etc. resultaron dañados, o cuantos miles de millones de pesos se requieren para reparar lo más planeado, no, al ciudadano común, lo que le interesa saber, es que se ha hecho, o en el peor de los casos, que se va a hacer para evitar nuevamente estas tragedias, que ponen en riesgo, ya no sólo su patrimonio, sino sus vidas y las de sus familiares y amigos.

En pocas palabras, lo que interesa, es que el político se interese, piense y sienta como un ciudadano común.

Lo que interesa saber, más que un pronóstico temerario e inconsciente, de que este tipo de fenómenos se presenta cada 20, 30 o 50 años, y que lo pasado pasado, y que es ahora el tiempo propicio para la solidaridad, es conocer realmente el pensamiento técnico-urbanístico que dé soluciones confiables para llevar a cabo las reparaciones con un enfoque, ya no de el simple MANTENIMIENTO RECONSTRUCTIVO, sino del MANTENIMIENTO CORRECTIVO Y PREVENTIVO.

En los últimos 20 años, Monterrey y su área metropolitana, ha padecido un “”desarrollo urbano” que bien podríamos catalogar de “”rumientes”, esto es, que hemos vuelto a masticar los mismos “”avances viales”, que una vez inaugurados, ya están predestinados a que se les hagan “”ajustes” por las “”nuevas condicionantes viales”, o porque la naturaleza inclemente y despiadada se excedió con sus reclamos naturales.

Para lo anterior, los ejemplos sobran, y más pareciera que lo que falta son asesores urbanísticos, ya que no es creíble que verdaderos arquitectos con maestrías y doctorados en urbanismo, a quienes estimo y aprecio como personas, y que tienen 10, 15 o más años trabajando y pasando de las oficinas del Gobierno estatal al municipal o viceversa, no hayan podido sacar adelante sus proyectos (porque los hay), tendientes a mejorar la angustiada vialidad.

O en el mejor de los casos, defender los escasos proyectos que habiendo sido concebidos bajo los cánones adecuados, debieron de ceder ante la impetuosidad urbanística del político en turno y la complascencia resignada del asesor urbano.

Para el caso anterior, tenemos los llamados proyectos fortuitos, aquellos que nacieron o bien cayeron en la casualidad, y la imaginación del político, y por lo tanto destinados a un cambio por la “”actualización”, por lo que su ejecución original es condenada a ser una mera obra efímera, por su eventual operación.

Pero ejemplos es lo que vale, y dejo a la memoria de los interesados los lapsos de tiempo que han pasado entre la inauguración y la “”readaptación” de las siguientes obras.

Avenida Colón: inaugurada con seis carriles de circulación, (tres en cada sentido), camellón central y estacionamientos oblícuos (diagonales) en ambas aceras. Transformada en Avenida de un sólo sentido (de oriente a poniente), eliminando el camellón central (donde se pudo), y actualmente con ocho carriles de circulación, y en un futuro ya próximo, con línea de Tren Ligero aéreo y de nuevo con camellón central obligado.

Avenida Cuauhtémoc: inaugurada con seis carriles de circulación, (de sur a norte) cuatro de circulación media, camellón central arborizado con estacionamiento oblícuo, y dos carriles de baja velocidad, banquetas anchas y arborizadas.

Reajustada con la eliminación del estacionamiento y gracias a que surgió la defensa mancomunada del Colegio de Arquitectos con el periódico El Norte, se logró al menos conservar un modesto camellón para protección peatonal.

Avenida Constitución: tramo de la calle Naranjo a Zuazua, eliminación del carril secundario con dos carriles a desnivel, ampliándolo a cuatro carriles, transformándolo en vía principal.

Plaza de la Alianza (escultura de los tubos): inaugurada como “”rotonda oblícua” para la distribución y control vehicular. Desaparecida para dar paso a la construcción de los complejos viales.

Complejo vial Gonzalitos-Constitución: construido como solución de acuerdo a su afluencia vial. Modificado por la saturación ante la falta de vías alternas, y por lo tanto, paso obligado de los automovilistas.

Pasos a desnivel en la Avenida Constitución y Morones Prieto, en sus cruces con las avenidas Félix U. Gómez, Zaragoza, Revolución y Benito Juárez (en Guadalupe): inaugurados como soluciones económicas al “”aprovechar” el cauce seco del río Santa Catarina, sin importar que la economía significaba una solución con salidas izquierdas. (En contraposición con las normas básicas urbanísticas, de que los carriles de alta velocidad deben conservar la izquierda). Destruidos por las corrientes del río “”seco” al encontrar estas rampas como obstáculo en su camino.

Avenida Morones Prieto en San Pedro: construida sobre el lecho del río Santa Catarina (actualmente reconstruyéndose con los mismos criterios), devastada en su totalidad por el río.

Calzada Madero: inaugurada a principios de siglo (con 94 años de funcionamiento) con seis carriles de circulación (tres en cada sentido oriente-poniente) amplio camellón arborizado, banquetas idem al camellón.

Destruida y reemplazada por una avenida con los mismos seis carriles de circulación, y eliminando su gran camellón central, para permitir estacionamiento oblícuo en las banquetas, conservando un pequeño camellón central por la obstrucción de el Arco de la Independencia.

En total, un sinnúmero de ejemplos, que ponen en evidencia la necesidad de que los asesores urbanos, definan su participación dentro del desarrollo urbano, y que se decidan a aceptar su responsabilidad como tales.

Independientemente de que los últimos cuatro Secretarios de Desarrollo Urbano en la entidad, hayan sido un ingeniero agrónomo, dos licenciados en derecho y actualmente un ingeniero mecánico, esto no implica que no se les pueda asesorar cabalmente, ya que está demostrado que dicha asesoría ha dejado mucho que desear.

A menos que hayan sido ellos los que no quisieron escuchar a tiempo, entonces sería prudente por parte del Gobernador del Estado, que fuera pensando en algún arquitecto que hablara el mismo idioma de los urbanistas.

Lo anterior sin que se piense que el último arquitecto en estar al frente de dicha Secretaría, hace más de 15 años, precisamente con el arquitecto Eduardo Padilla.

Cuando los arquitectos nos decidimos a participar profesionalmente, en lugar de partidistamente, ese día, dejaremos de ser señalados con el dedo de fuego, como simples comparsas de los proyectos fortuitos y de las obras efímeras.

 

 

 

 

 

Algunas arterias de Monterrey y su área metropolitana, como la Calzada Madero, han sido remodeladas y se ha tenido que modificar la circulación vehicular.

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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