Responsabilidad o Culpabilidad

El Norte | Locales | PULSO URBANO

Por: Jorge Longoria

A raiz del colapso del Edificio de Departamentos en la Colonia Balcones del Valle en San Pedro Garza García

Si bien, todavía no acabamos de asimilar lo que nos ha pasado con el huracán “Gilberto” cuando una nueva tragedia, como lo fue el colapso del edificio de departamentos en la Colonia Balcones del Valle, que con los resultados trágicos ya conocidos, nos viene a agolpar aún más nuestras mentes.

Con la impotencia natural ante este tipo de desgracias, la sociedad exige se esclarezca la responsabilidad que raya, desde la negligencia, complicidad e irresponsabilidad, hasta la criminalidad; pero, ¿Quién o quiénes son los culpables?, la lista de responsables o implicados en este penoso asunto puede ser muy larga, veamos:

El urbanista que “”diseña” la optimización de la lotificación, sin importarle el cauce de las aguas bravas de la Sierra.

El promotor del fraccionamiento, quien acepta el proyecto urbanístico, siempre y cuando reúna el mayor número posible de lotes.

Los funcionarios estatales, que dan por bueno el proyecto urbanístico y autorizan su promoción y venta, seguramente sin objeciones técnicas mayores.

El topógrafo, que siembra la ubicación de cada calle y lote, pese a lo abrupto de la ladera.

El vendedor de la lotificación, quien no le pone peros a ningún lote, ya que todos tienen vista panorámica.

El comprador del lote, quien lo adquiere como inversión “”rentable”, ya que en el uso del suelo está permitida alta densidad, para departamentos.

El arquitecto proyectista, quien “”soluciona” y cumple todos los “”requisitos” solicitados tanto por el cliente-promotor como por las autoridades municipales.

El inversionista, quien aporta los recursos económicos y planea el rescate de su operación.

Los funcionarios bancarios, quienes prestan recursos hipotecarios sobre la propiedad, mientras que el sujeto de crédito cumpla con los requisitos y cuente con seguro de vida.

Los funcionarios municipales, quienes dan por bueno el proyecto y su cumplimiento de “”requisitos”, como el de no invadir los derechos municipales, ya que los derechos naturales, como la caída de aguas bravas, para ellos no tiene mayor importancia.

El ingeniero calculista, quien soluciona estructuralmente el proyecto con “”conocimiento” del subsuelo.

El constructor, quien “”vive” la obra y soluciona sobre la marcha los imprevistos de ésta.

El perito de obra, quien “”supervisa” cada etapa de la misma y lo asienta en la bitácora (¿?).

El supervisor municipal de Obras Públicas, quien celosa y periódicamente “”reporta” a sus superiores sobre las anomalías observadas durante la ejecución de la obra, y por último,

El comprador, quien es el que al final decide la adquisición del inmueble, no sin antes haber hecho comparaciones y consultado a amigos y compadres.

Como se ve, para poder llevar a “”feliz término” una obra de este tipo, pasa por muchos ojos y, tal vez, entre las manos pasan, además, muchas cosas, toda vez que se salva cada obstáculo que se va presentando, ya que al final de cuentas lo importante es lograr el objetivo económico, sin importar los medios.

Aquí es donde surge la pregunta, ¿estaremos realmente desarrollándonos entre profesionistas o entre profesionales?, ya que el primero debiera anteponer su ética y su moral al fin que persigue, y el segundo ejerce una actividad como profesión, (desde coyote hasta funcionario público).

El colapso del edificio es producto de la suma de irresponsabilidades de quienes en su momento debieron poner la voz de alerta, pero que con su silencio profesional, provocaron un silencio sepulcral, ya que en la inercia olvidaron comprometer a un tal señor “”Gilberto”, quien siendo hijo de una señora naturaleza, exigió sus derechos y pasó por encima de los acuerdos previos, poniendo en evidencia a todos.

Lo que uno tiene derecho a hacer es lo que la Ley no prohíbe, y como la Ley, o en este caso el reglamento, es nulo o mejor dicho no existe, se deberán deslindar responsabilidades, y no somos adivinos para suponer que la culpa seguramente caerá sobre el arquitecto-consultor-perito, quien es el que al final de cuentas dio la última cara abarcando todo y por lo tanto representa la parte más delgada del hilo (o soga al cuello).

Una triste y ejemplar lección que debemos los arquitectos capitalizar, para comprender, que es el cliente el que debe pagar los servicios profesionales de un equipo interdisciplinario y no uno el que debe de ahorrárselos o pretender ganar más.

Del arquitecto “”todólogo” debemos pasar al arquitecto orquestador para delegar funciones tales como: construcción, tramitación, cálculo, peritaje, administración, decoración, supervisión, ventas, promoción, dibujo, compras.

Y ocuparnos para lo que realmente estamos, que es el fomento y culto de la arquitectura o, en su defecto perfeccionarnos en cualquier enfoque de la amplia gama de servicios antes mencionados, sin pretender ambiciosamente abarcarlo todo, ésto por el bien nuestro y de nuestra comunidad, sin importar en qué posición, escritorio o lado de éste nos encontremos.

Como empresarios, prestadores de servicios o funcionarios públicos o privados, debemos reflexionar sobre nuestra actitud y pasar de la abstración o sumisión de un interés personal, a la presencia y entrega del interés profesional, denunciando al inepto e irresponsable, y más si se es un funcionario público, quien en lugar de cuidar el escalafón con un ciego servilismo, debiera de cuidar la profesión y seguramente por consecuencia vendrá lo otro.

En cuanto al arquitecto privado, es la misma sociedad quien detecta la ineficiencia y por consecuencia lo margina.

La responsabilidad es de todos, la culpabilidad de unos cuantos, sólo es cuestión de principios.

About Jorge Longoria

Analista Urbano y experto en Planeación Estratégica de Ciudad. Su experiencia en el ámbito urbano datan desde 1981 y se desempeña como Analista, Planificador y Consultor Urbano, además de dictar Conferencias en diversos Foros y agrupaciones profesionales. estudiantiles y organizaciones ciudadanas. Twitter: @JorgeLongoria

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