Los Arquitectos y su Colegio

El Norte / Editoriales /

Por Federico Arreola

Con sus grillas que favorecen al secretario de Desarrollo Urbano, Alberto Ortiz Certucha, los directivos del Colegio de Arquitectos de Nuevo León quieren convencernos de que la arquitectura es un oficio impropio de personas con principios.

Pero la arquitectura, a pesar de ellos, es una profesión decorosa, como señalara en la antigüedad Cicerón, quien por lo demás decía que una ocupación infame lo es la de los cobradores de impuestos.

Se trata de un arte tan noble que a la obra De architectura, de Vitruvio, le corresponde el honor de ser el ejemplo más elevado que poseemos del pensamiento y el conocimiento de un hombre de acción de la antigüedad que supo combinar las mejores prácticas de griegos y romanos.

Caray, no podemos dejar de mencionar que hablando de la ética de la arquitectura, Vitruvio sugirió que los descuidos de los arquitectos podían fácilmente remediarse por medio de la adopción universal de una ley de Efeso que hacía al arquitecto responsable personal de todos los costos que excedieran un 25 por ciento de su cálculo original. Interesante, pero seguramente impracticable en un ambiente hiperinflacionario, como el de México hoy.

Tampoco resistimos la tentación de señalar que en todo el De architectura sólo hay un pasaje en el que se habla de los logros que acarrea una mayor productividad. Vitruvio recomienda que en los baños públicos se coloque la sala de agua caliente para hombres al lado de la destinada a las mujeres, de modo que se les pueda alimentar con una sola fuente de calor, ejemplo que no le parece “”muy impresionante” al historiador M. I. Finley, y que nosotros los mojigatos vemos como una peligrosa (aunque apetecible) invitación a la inmoralidad.

La arquitectura se refiere a la construcción de espacios habitables por el hombre. Aristóteles definió la arquitectura, o arquitectónica, como el arte de construir en el que los medios se subordinan al fin y el fin menos importante al más importante. Para Kant, la arquitectónica es el arte del sistema. Esto significa que la arquitectura es armonía, y la armonía no es otra cosa que la relación jerarquizada de las partes al todo.

En este sentido, el nivel arquitectónico en Monterrey deja mucho que desear. Sin ton ni son, según el capricho del gobernante en turno, ausente la sensatez en los planes urbanos, vemos en la ciudad nacer y morir, por aquí y por allá, a tontas y a locas, plazas y calles que no responden a un sistema, a una armonía, y en cuya construcción es evidente que los medios utilizados no se subordinan a ningún fin arquitectónico superior.

La culpa de esa lamentable situación la tienen, claro, nuestros arquitectos, sobre todo los que han permitido que el Colegio de Arquitectos haya caído en manos de una camarilla de pseudo profesionales a los que manipula Alberto Ortiz Certucha, quien cuando no la riega, se equivoca.

Es tan lamentable la situación del Colegio de Arquitectos que, por ejemplo, aprobó a la carrera, después de una orden de Ortiz Certucha, la destrucción de la Calzada Madero, lo que fue un golpe terrible para la arquitectura de Monterrey.

Bien, un arquitecto joven, competente y con principios, Jorge Longoria, intentó salvar el Colegio. Naturalmente, lo aplastaron. Ocurrió el 27 de enero, cuando el Colegio de Arquitectos tuvo elecciones. Dejó la presidencia Héctor Villarreal, y contendieron por ese puesto Longoria y otro, este último el candidato oficial, es decir, el de Ortiz Certucha.

Antes de las elecciones Ortiz Certucha y Longoria hablaron, largo y tendido. Al final de la plática, Ortiz le leyó la cartilla al candidato independiente: “Tengo todo preparado para que pierdas. Conmigo no puedes. Voy a hacer lo posible para que no obtengas ni un solo voto”. Así de alcaponesco estuvo Ortiz Certucha.

El día de las elecciones se juntaron los arquitectos. Votaron, y al contar los votos únicamente de los presentes,Longoria ganó. Con apuros, pero ganó. Apareció, sin embargo, el fantasma de Ortiz Certucha, en la forma de documentos notariados, ante el mismo notario y con los mismos testigos, en los que 62 arquitectos que trabajan en el gobierno o que están comprometidos con el gobierno votaban “”por poder” en favor del candidato oficial, es decir, el que va a defender más los intereses políticos del secretario de Desarrollo Urbano que la arquitectura de Monterrey.

Por eso Monterrey es una ciudad fea.

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